viernes, 2 de abril de 2010

No More Chupito´s Lament.



Mis amigos se abandonaban a un ejercicio de entrega absoluta ante la indiferencia del público. Pietro planeaba sobre las cuerdas del maltratado fiddle, Albert rasgaba la guitarra hasta que las chispas salpicaban y Moreno, que venía del Glam y de la Motown aporreaba la batería como un teutón. La pasada semana pudimos comprobar una vez más como “nuestro género” se ve sometido siempre a un tratamiento previsible y reduccionista. No hay grises ni matices, sólo una gruesa concepción de todos los sonidos que entrelazan la electricidad con lo celta como mestizaje de garrafa.

Aún recuerdo como en una revista de vehemente inclinación indie se comparaba, no sin cierta prepotencia a Wolfstone con The Pogues. Evidentemente, se acusaba a los primeros de profanar el legado de los segundos, cuando no hace falta ser ningún entendido, sólo tener un poco de afición, para apreciar que es algo así como comparar a Bob Dylan con Iron Maiden, es decir, que podemos encontrar claves comunes pero claro está, son cosas distintas. Pasa a menudo, y mientras el talento compositivo y alcance mediático de Shane McGowan le permiten jugar en otra liga, muchos otros se ven relegados al subgénero tabernario, el peor de todos para muchos.

Y los prejuicios comienzan por el nombre de la banda, tantos que hasta los Dropckick Murphys se vieron vetados en aquella noche que partiendo desde el mero trámite de fin de semana se convirtió en un reivindicativo alegato generacional a base de chupitos y rock and reels. Y eso lo podría entender en los típicos sitios, aquellos en los que el trámite del fin de semana se concierte en un infierno burocrático pero no en estos otros que venden alternativismo, y que por otro lado, también hay que decir, son los que más nos gustan. La Dj resultó amable y resuelta y nosotros una vez más, no supimos transmitir el concepto y la seriedad musical de los de Boston. Quizás deberíamos haber recordado que si Wilco tocan por Woody Guthrie, también los Murphys lo hacen, y con un rigor que para si quisiera muchos neotradicionalistas.

Y no vamos al todo vale, que conocemos bien la diferencia entre estos y otros que no me atrevo a nombrar, pero si denunciamos cierta estrechez que no deja disfrutar de ciertas canciones, a causa encima, de hacer un análisis precipitado con cargo a The Cure, a Arcade Fire o a The Incredible String Band. Aún así, nos honra la persistencia: la colina no estaba suficientemente empinada y el grito ahogado de Sailor Peg llegó a emprender a todos aquellos que dudaban de nuestra palabra. Y aunque después volvieron a sonar The Raveonettes y todo volvió a la normalidad, nosotros lo celebrábamos con el mismo espíritu infundido por San Patricio, desorientados por el alcohol y jactándonos de “la diferencia”.

domingo, 28 de marzo de 2010

The boys and the babies/ Is Graig here?




¡Ah, que comienzo..! La revisión que The Drovers hicieron de una de sus fabulosas canciones para la pelicula Blink (1994). Entonces, se pateaban todos los garitos de Chicago y aquí, a pesar de la licencia fílmica estaba la mejor versión de la banda, o por lo menos la que engancho para siempre. Y aunque he buscado ese "zeitgeist" en otros grupos de influencias similares nunca lo he encontrado. Disfrutemos una y otra vez del mejor arranque posible y recordar que nunca debéis iros de marcha con Aidan Quinn.

domingo, 21 de marzo de 2010

Flogging Molly/ Live at the Greek Theater.



Este Live at the Greek Theater es un regalo fabuloso tanto para los fans como para aquellos que no los conozcan porque esta gente se han empeñado en librar una batalla contra la ignorancia y los prejuicios con los que se despacha habitualmente a aquellos comentarios, críticas y demás que se ofrecen cuando se ha de hablar de una banda de documentada arcilla irlandesa que suman a su formación rock, un violin, un acordeon o un banjo. Y lo hacen con un doble cd y dvd, impecables, de lujosa producción, sin cortes, sin demasiadas explicaciones, sólo las que quiere dar su simpar cantante ante la entregada audiencia angelina. Notables canciones que entroncan tanto con de The Clash como The Dubliners y una maquinaria instrumental electroacústica a rodillo pero sin descuidar el detallismo que este recinto permite. No more Paddy Lament, que han llegado Flogging Molly.

Dropkick Murphys/ Barcelona 23-01-2010.



Y allí estuvimos y tratándose de nuestro primer concierto de los Murphys era mucha la presión. Tanta, que nos la gastamos Rambla arriba, rambla abajo como Manu Chao, tomando té de hierbas y comiendo chocolate respatingados en un sofá, como si tuviéramos que dar nosotros el concierto. Superado la extrañeza que suponía asistir a las filas que aguardaban a Europe en la sala contigua y advertida la sana diferencia que nos salva, nos plantamos frente al escenario para prestar a los teloneros The Mahones la atención que se merecían. El pasaje industrial que conducía a la Razzmatazz2 ayudaba mucho. Asumiendo honestamente su función y rubricando su actitud con la estampa de Joe Strummer en la camiseta, unos Mahones rejuvenecidos sentaron las bases de la escena rock-punk-celta con un set conciso y concentrado que constituyó el mejor preámbulo antes de que se encendieran las almenaras con el desgarro de Sinead O´Connor y The Chieftains en una majestuosa Foggy Dew. La marcha anunciaba la salida de D.M. y con una generosa espectacularidad escénica, impulsada por el carisma de Al Barr, enarbolaban claramente el objetivo de cerrar una época en la que han pasado del oi tabernario a ser el gran referente del punk-celta y antes de la publicación de su último directo. Así que sin olvidar viejas canciones y dándole al Blackout el puesto que merece, fueron minando la sala con clásicos de los tres grandes últimos discos de estudio. Y ellos cerraban esa época, ese tramo de consolidación y nosotros cerrábamos también un ciclo. Y fue significativo que no diéramos luego con ningún Irish Pub y acabáramos en otro tipo de “Pub”, uno nada irlandés, de moqueta roja y no verde y muy catálá, uno de esos que se habían quedado en la Barcelona de finales de los 80 y 90... Y después de esa singularidad nocturna, los redobles de I´m shipping up aún sonaban más fieros y cercanos.

miércoles, 12 de agosto de 2009

15 momentos señeros en la Historia del Rock Celta (1975-2005).


Alan Stivell. E Dulenn-In Dublín (1975). Imbuido de pleno en la estética hippiosa y setentera del folk-rock a la toma pacífica del Estadio Nacional de Dublín, ratificando conexiones culturales entre las naciones celtas y vibrando con orgullo pero sin caspa. Canción: Ha Kompren't 'Vin Erfin?

Runrig. Publicando The Highland Connection (1979) un segundo disco que inicia una leyenda y más de 30 años de Historia Musical en negrita. Rock paisajístico de combate y rescate noble de una lengua que perecía. Canción: Gamna Gealla.

The Pogues. El punk no nace ni se hace sino que se arrastra como puede. La lírica genial de Shane McGowan, el último hombre al que le prestarías tu casa, insuflaba carisma a una banda que ya había visto que la vigencia del rock celta pasaba más por la actualización de la actitud que por la renovación instrumental. Rum, Sodomy & the Lash (1985), brillaba en las grandes ligas del pop haciendo equilibrismos como un beodo. Canción: Dirty Old Town.

The Waterboys. La piedra filosofal y la carta de crédito del género (la única) ante la comunidad indie. Fisherman´s blues (1988) es una obra fuente que aúna en unas sesiones míticas a una brigada de músicos excepcionales bajo el mando iluminado y consciente de un Mike Scott, todavía no reconocido como se merece. Canción: Fisherman´s blues.

Immaculate Fools. La última intentona de arañar las listas de éxito era una pedrada. En The toy shop (1992) estaban cabreados y con un punto amargo, daban los últimos vistazos al camino que se perdía. Pese a todo, las guitarras crujían como nunca en sus airados alegatos contra la ignominia y la estupidez. Canción: Bed of tears.

The Drovers. La banda sonora de la película Blink (1994) contenía tres canciones que eran la máxima expresión de un género efímero. Una fotografía de cuando el rock se legitimó bebiendo de la angustia existencial y juego de similitudes e identidades entre la música celta y el indie. Canción: The boys and the babies/Is Graig here?

Oysterband. Rehacen su cancionero con Trawler (1994). Un disco que reconstruye y actualiza el folk-rock británico, lo urbaniza y lo endurece en pleno fervor antisistema desde las trincheras y desde la oscuridad. Canción: Granite Years.

Ashley MacIsaac. El síndrome de Peter Pan y Leonardo DaVinci en dosis masivas y sin control facultativo. Hi how are you today? (1995) era una pregunta retórica que respondió un álbum después y el disco, una demostración de fuerza con vocación de referente y resultado inapelable. Renovación, entre caprichos guitarreros y electrónicos. Canción: Wing-Stock.

Brigid Boden. Antes de que Madonna se reinventara seriamente, esta mujer publica Brigid Boden (1996) y desaparece con un tratado de música pop que hermana dance y música celta con una naturalidad inédita. Principio y fin de un estilo nuevo en una obra imperecedera. Canción: Spirits never part.

Wolfstone. Con The Half Tail (1996), la banda hacedora de las mejores canciones de rock celta instrumental de todos los tiempos, depura y afila su estilo en una obra de ingeniería sónica de referencia. La precisión rítmica y la contundencia en un mismo habitáculo. Canción: Gillies.

Levellers. Mouth to mouth (1998) era un acercamiento afortunado a la vera del british pop más exitoso sin abandonar el perfil callejero e inquieto de la banda. El rock celta se estiliza con un productor de postín y mucha ambición. Allí donde se tocaban The Clash, The Beatles, Oysterband y Radiohead estaban ellos. Canción: Beautiful day.

The Whisky Priests. Los auténticos hijos del pueblo, de su pueblo. Here comes the ranting lads! (1999) es un testamento en directo construido a base de una honestidad apabullante. Cuando se es tan, tan local, es imposible llegar a ser universal pero el caso es morir en el intento. Canción: A better man than you.

Runrig. Renacimiento. In Search of Angels (1999) es para Runrig lo que para John Travolta fue Pulp Fiction. Tarantino se llama Bruce Guthro y no se mira en ningún espejo cuando canta. Nunca una voz luminosa y feliz había transmitido tanto en tres segundos. Canción: Maymorning.

Carlos Núñez. En Os amores libres (2000), el gaitero hace saltar todas las bancas. Experto buscador de conexiones, virtuoso y aglutinador de personalidades contrapuestas deja constancia de lo que la música celta fue y será. Y más aún de lo que pudo ser, que se hace presente en este disco con la ayuda de gente como Mike Scott o Liam Ó Maonlaí. Canción: Raggle Taggle Gipsy.

Dropkick Murphys. En The Warrior´s Code (2005), se hacen adultos y se adulteran para bien con la furia controlada pero más visceral que nunca. Las palabras de Woody Guthrie son una plegaria desgañitada cuyo eco permanece en todas las esquinas de Boston. Canción: I´m shipping up to Boston.

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